
Pepe Blanco.
Puerto de Béjar, a 02 de febrero de 2025.
El 1% de la población mundial tiene lo que el 99% necesita, ¡¡¡así de clarito!!! Esto ha conectado con el sentir de la gente en todo el mundo y existe una preocupación cada vez mayor por el aumento de la desigualdad, por la falta de oportunidades y por la forma en que esas dos tendencias -que van de la mano- están cambiando nuestras economías, nuestras políticas democráticas y nuestras sociedades.
Al hablar de la desigualdad, de sus causas y consecuencias, y de lo que podía hacerse al respecto, muchas personas me cuentan sus historias personales, como un jubilado del norte de Cáceres y es… para ponerse a temblar; porque la forma en que todo está pasando les está afectando a ellos, sus familias y amigos.
Sin embargo, tras estas historias había un montón de nuevos datos, que también tienen mucho que ver con los argumentos de tanta desigualdad. El cambio que se ha producido en el panorama político y económico en Europa ha sido la prolongación de la crisis del euro y sus profundos efectos en la desigualdad. La crisis sigue perjudicando a “la clase media-baja”.
Han transcurrido varios años desde que empezó la recesión y el déficit de puestos de trabajo. Y la diferencia entre el número real de empleos y el que existiría, si la economía estuviese funcionando normalmente, sigue aumentando y los ingresos de los ciudadanos corrientes bajan.
Mientras prosigue el azote de la crisis económica, varios años después del comienzo de la recesión, se deja sentir cada vez más la suma de las consecuencias de una desigualdad persistente, de una red de seguridad deficiente y de un aumento de la austeridad.
Por supuesto, las reservas y los Bancos Centrales han seguido ayudando a los más ricos; y, por lo tanto, a los que están en la parte media y baja, y que tienen su patrimonio en la vivienda, no les ha ido tan bien. Los últimos datos revelan que, durante el periodo de la recesión, la riqueza de los que están en medio disminuyó en casi el 40%, hasta unos niveles parecidos a los del comienzo de la década de 1990 y toda la riqueza ha ido a parar a los de arriba.
Si los de abajo hubieran participado de una forma equitativa en ese aumento, su patrimonio, a lo largo de las últimas décadas, habría aumentado el 75%.
No es de extrañar que la persistente crisis económica haya provocado una disminución de los salarios. Por esta razón, al bajar los ingresos, el nivel de vida es peor y, a menudo, viene acompañado por una serie de manifestaciones sociales, malnutrición, consumo de drogas y deterioro de la vida familiar, que afecta negativamente a la salud y a la esperanza de vida. Y, con frecuencia, esa disminución de la esperanza de vida se considera más reveladora que las propias cifras sobre ingresos.
Dicho esto, los niños pobres, que tienen éxito en sus estudios, tienen menos probabilidad de licenciarse en una universidad que los niños ricos, que alcanzan peor rendimiento escolar. Aunque consigan una licenciatura universitaria, los hijos de los pobres siguen siendo más pobres que los hijos de los ricos con menos estudios.
Termino: una alta desigualdad fomenta una economía menos eficiente y menos productiva, y todo lo que digo no nos puede extrañar…es lo que está ocurriendo.