Blanca Martín Delgado. Presidenta de la Asamblea de Extremadura
Mérida, a 1 de mayo de 2025.
Casi todas las naciones europeas, antes y después de su organización como estados, previamente, etnias, pueblos, tribus, como queramos llamarlas, según la corriente antropológica o los revisionistas a medio plazo entre el analfabetismo y la ignorancia consentida, han sufrido procesos de sangre.
Da lo mismo si era por expansión, supervivencia o geopolítica avanzada en materia de dominio territorial sobre grandes extensiones ricas en recursos naturales. La cuestión es que, en 2 mil años de historia, por redondear, Europa se construyó a base de sangre y dolor.
Por eso, 1950 años después, a un tal Robert Schuman se le ocurrió la creación de una organización europea para controlar la producción de carbón y acero, materias primas indispensables para la reconstrucción del continente, una vez derrotado el nazismo y ante la insolente preparación del telón de acero una década más tarde.
La “ocurrencia” de Schuman encontró eco 42 años después con la creación de la Unión Europea con el Tratado de Maastricht que entró en vigor en 1993.
Hacía cuatro años que la caída del muro había intoxicado a Francis Fukuyama con eso del fin de la historia, mientras los pueblos contenidos por Tito se mataban los unos a los otros. Como ven, ni con buenas intenciones conseguimos vivir en paz demasiado tiempo.
¿Dónde quiero llegar? A que estamos viviendo y sufriendo conflictos bélicos en Medio Oriente y entre ucranianos y rusos, con amplia influencia geopolítica y con vientos de odio llegados desde Estados Unidos de América.
Mientras tanto, aquí pululan, detrás de esas corrientes regresionistas, los heraldos que aspiran a recortar derechos, primero, y vaya a saber una a qué aspiran después. Mujeres, migrantes, LGTBI, todo lo que suene a agenda woke es objeto de la reacción internacional.
Está en nosotras y nosotros ver qué queremos ser de mayores: si un extenso Verdún, o el sueño de paz de las y los grandes humanistas de nuestro continente. Repetir o progresar, es la cuestión
