
Por Rosa Sánchez de la Vega
Madrid, a 1 de abril de 2026
Félix G. Modroño, quien estudió Derecho en la Universidad de Salamanca, es un escritor que ha logrado combinar historia y memoria en sus novelas, construyendo relatos que no solo transmiten hechos históricos, sino que permiten al lector sentir la vida de las personas que los vivieron. En Tierra de Sueños, Modroño nos invita a recorrer la España de la Guerra Civil y el México que acogió a quienes, obligados por la guerra, tuvieron que abandonar todo: sus hogares, sus afectos y sus raíces.
La novela se centra en la historia de Ana y Mateo, dos adolescentes separados por el conflicto bélico, y de los 450 niños que fueron enviados a México en 1937. Esta operación, poco conocida, tenía como objetivo protegerlos de los bombardeos y del desarraigo forzado por la guerra. Los niños embarcaron en el Mexique, una travesía que marcaría para siempre sus vidas, y muchos de ellos nunca regresaron a España ni volvieron a ver a sus padres. A partir de estas experiencias, Modroño construye una narrativa que combina el amor joven e idealizado con el exilio y la pérdida, mostrando cómo los grandes acontecimientos históricos dejan una huella profunda en la vida de las personas, y cómo la memoria y los afectos pueden sobrevivir al paso del tiempo.

Tierra de Sueños se desarrolla en dos épocas distintas: los años finales de la Guerra Civil española y la España y México contemporáneos, en los que se narra la investigación de un pasado que sigue resonando en el presente. La estructura de la novela alterna capítulos con numeración romana y arábiga, lo que permite que cada época pueda leerse de manera independiente sin perder la continuidad de la narrativa general. Esta técnica refleja la meticulosidad del autor y su capacidad de combinar documentación histórica rigurosa con una prosa sensorial y evocadora, que transporta al lector a los lugares y momentos que describe.
Uno de los elementos más interesantes de la novela es el papel del arte precolombino y la arqueología como hilos conductores entre las dos épocas. Las piezas arqueológicas no son solo objetos de colección, sino símbolos de la esencia cultural y espiritual de México. A través de ellas, Modroño también denuncia el expolio cultural y el tráfico ilícito de arte, mostrando cómo la recuperación de estas piezas constituye un acto de justicia y preservación de la memoria histórica. Esta dimensión añade profundidad a la historia, permitiendo al lector comprender que la cultura y la historia son testigos de vidas y sentimientos que trascienden generaciones.
La obra también refleja con gran sensibilidad la vida cotidiana mexicana. Modroño describe el mestizaje, las celebraciones, los rituales y la forma en que los mexicanos afrontan la vida con alegría, a pesar de las dificultades. La novela transmite la esencia mágica y onírica del país, mostrando cómo lo cotidiano puede ser, al mismo tiempo, profundamente simbólico y conmovedor. Desde los mercados de Santa María del Río hasta la música de los mariachis, cada detalle convierte la lectura en una experiencia sensorial completa. El lector no solo sigue la historia, sino que siente los sonidos, los aromas y la luz de México.
El amor entre Ana y Mateo constituye el eje emocional de la novela, reflejando la resiliencia humana frente al desarraigo y la pérdida. A través de esta relación, Modroño nos recuerda que incluso en los momentos más difíciles, los afectos y la memoria emocional conservan su fuerza, ofreciendo refugio y sentido a quienes enfrentan adversidad. La novela combina así la historia política y social con una exploración profunda de los sentimientos humanos, logrando que la experiencia de lectura sea enriquecedora tanto intelectualmente como emocionalmente.
Además, Tierra de Sueños invita a reflexionar sobre la literatura misma. Modroño reivindica la figura del escritor frente a la proliferación de libros de consumo rápido y destaca la importancia de leer con calma, disfrutando de cada detalle, de cada descripción, de cada emoción. Su prosa busca que el lector perciba olores, sonidos y ambientes, haciendo que la lectura sea una experiencia sensorial completa y profunda. Este enfoque demuestra su interés en rescatar el placer de leer con atención y en recuperar un tipo de literatura que, aunque menos comercial, ofrece mayor profundidad y resonancia.
La novela también permite acercarse al exilio español en México desde un enfoque humano y cercano. Modroño da voz a los exiliados, mostrando cómo vivían, qué pensaban, sus aspiraciones y desengaños, y cómo, a pesar de haber llegado sin nada, lograron reconstruir sus vidas. Es un homenaje a quienes vivieron el desarraigo y la pérdida, y un recordatorio de que la historia no se construye solo con hechos, sino con las experiencias de las personas que los viven.
En definitiva, Tierra de Sueños es una obra que combina historia, memoria, amor y cultura. Es una novela que permite conocer un capítulo poco tratado del exilio español en México, pero también reflexionar sobre la fuerza de los sentimientos humanos y la importancia de la memoria histórica. Esta obra es una oportunidad única de adentrarse en un relato que une épocas, países y emociones, recordándonos que, incluso frente a la adversidad, el amor, la memoria y la cultura conservan su poder. Es un libro que conmueve, transporta y enseña, y cuya lectura deja una impresión duradera en quienes se acercan a él.