
Miguel Ángel Morales. Presidente de la Diputación de Cáceres
Cáceres, a 4 de octubre de 2026.
Hay una imagen que resume mejor que cualquier informe el reto demográfico al que nos enfrentamos: la de un pueblo sin panadero. La de un bar que baja la persiana no porque no tenga clientela, sino porque no encuentra quien lo atienda. La de una empresa con pedidos, con crecimiento posible, con futuro, que se ve obligada a decir que no porque no hay manos para sacar el trabajo adelante. Esa paradoja —demanda de empleo sin gente que lo cubra— es la que llevamos meses combatiendo desde la Diputación de Cáceres, y es también la que me llevó a sentarme con los representantes empresariales de las comarcas de Campo Arañuelo, Coria y Gata.
De esa reunión con Ramón Barbado, del Círculo Empresarial Moralo; Casto Pereira, de la Asociación Rivera de Gata, y Raúl Trapote, de la Asociación de Empresarios de Coria y Comarca (ASECOC), sale un compromiso claro: estudiaremos un convenio para profundizar y replicar en cada una de las comarcas de la provincia el proyecto TRAE, Trabajo para Repoblar Activamente Extremadura, que ya desarrollamos junto a la Cámara de Comercio de Cáceres.
No hablamos de un programa más de empleo. Hablamos de un proyecto integral que atiende al problema desde la raíz. Cuando una persona llega a nuestros pueblos a través de TRAE, no llega solo con un contrato indefinido bajo el brazo. Llega con una vivienda garantizada durante el primer año y con un acompañamiento social pensado para una sola cosa: que se quede. Que arraigue. Porque de poco sirve traer trabajadores si, al cabo de unos meses, vuelven a marcharse por falta de vivienda, de redes de apoyo o de un proyecto de vida completo. Ese es el error que otros programas han cometido antes y que nosotros no estamos dispuestos a repetir.
Los datos avalan que vamos en la buena dirección: más de mil solicitudes recibidas y ya más de veinte expedientes de personas que en los próximos meses se instalarán en nuestra provincia para trabajar y para convivir. Hemos empezado con trabajadores llegados de Chile y de Perú, y las primeras experiencias que estamos conociendo sobre el terreno —en la construcción, en la hostelería, en el campo, en la automoción— confirman lo que intuíamos: cuando se dan las condiciones adecuadas, la integración funciona, las empresas recuperan la tranquilidad para crecer y los pueblos recuperan vida. Pero no queremos quedarnos ahí. El objetivo es ampliar esta oportunidad a cualquier persona que quiera instalarse en la provincia desde cualquier punto de España, y no solo a quienes llegan desde fuera de nuestras fronteras.
Lo que se planteó en la reunión con las asociaciones empresariales va, además, un paso más allá de la simple gestión de ofertas y demandas de empleo. Como bien señalaba Ramón Barbado, no se trata únicamente de analizar qué mano de obra necesita cada sector, sino de poner en valor las fortalezas de cada pueblo, revisar qué infraestructuras y qué instalaciones tenemos disponibles, y a partir de ahí construir un proyecto de asentamiento real para las familias que decidan venir. Esa mirada territorial, comarca a comarca, es precisamente la que perseguimos con el convenio que ahora empezamos a estudiar: que lo que funciona en Navalmoral, en Coria o en Gata pueda extenderse, adaptado a cada realidad, al resto de la provincia.
Desde la Diputación de Cáceres entendemos que la despoblación no se combate con discursos, sino con instrumentos concretos, con alianzas entre lo público y lo privado, y con la voluntad de acompañar a cada familia que apuesta por nuestra tierra hasta que esa apuesta se convierta en un proyecto de vida estable. El Círculo Empresarial Moralo, la Asociación Rivera de Gata y ASECOC han demostrado que el tejido empresarial de esta provincia está dispuesto a remar en esa dirección. A nosotros, como institución provincial, nos corresponde facilitar el camino: con recursos, con acompañamiento y con la convicción de que cada nuevo vecino que se instala en un pueblo de Cáceres no es solo una estadística que mejora, sino una panadería que no cierra, un bar que sigue abierto y un pueblo que sigue vivo.
Ese es el compromiso que asumimos hoy, y en el que seguiremos trabajando, comarca a comarca, hasta que cada rincón de nuestra provincia tenga la oportunidad de repoblarse con futuro.