Para comprender el valor histórico del Castañar Gallego de Hervás hay que regresar a la Edad Media, cuando la localidad era todavía un pequeño núcleo de población integrado en la extensa jurisdicción de Béjar. Este bosque de castaños se convertiría en uno de los principales símbolos de los derechos y privilegios históricos de sus habitantes.
Para comprender el valor que el Castañar Gallego ha tenido para Hervás hay que regresar a la Edad Media, cuando la localidad era todavía un pequeño núcleo de población integrado en la extensa jurisdicción de Béjar.
Tras la reorganización cristiana de estas tierras, Béjar se convirtió en el centro de una amplia Comunidad de Villa y Tierra, formada por la villa y numerosos lugares de su entorno. Hervás quedó incorporado a esa estructura territorial y sus habitantes desarrollaron una economía estrechamente ligada al paisaje de montaña.
Una tradición vincula la concesión a una mujer de Hervás que habría amamantado a un hijo de la reina
En aquel tiempo, los bosques no eran únicamente espacios naturales. Constituían una fuente esencial de recursos. La madera proporcionaba combustible y materiales para las construcciones; los frutos contribuían a la alimentación y los pastos permitían mantener el ganado.
Tener acceso a estos bienes significaba disponer de una parte fundamental de la riqueza de la comunidad.
En este contexto surgió la disputa por el Castañar Gallego. Los vecinos del lugar defendían su capacidad para aprovechar y proteger aquel espacio, mientras el concejo bejarano consideraba que se trataba de un bien común perteneciente a la Villa y Tierra.
La cuestión llegó hasta doña Violante de Aragón, esposa de Alfonso X el Sabio. Una tradición vincula su intervención a una mujer de Hervás que habría amamantado a un hijo de la reina, un relato conservado en la memoria popular en torno al origen del privilegio.
El 12 de octubre de 1264, su intervención permitió alcanzar una avenencia entre las partes.
El acuerdo reconoció a los habitantes de Hervás el aprovechamiento, la guarda y la jurisdicción del Castañar Gallego. A cambio, debían satisfacer al concejo de Béjar 30 maravedíes anuales, pagaderos por San Miguel.
La resolución establecía además determinadas obligaciones. Los vecinos debían encargarse de la vigilancia y conservación del arbolado y respetar las condiciones fijadas para la recogida de la castaña. El aprovechamiento quedaba así vinculado a la responsabilidad de preservar el recurso.
La trascendencia de aquella decisión fue considerable. El documento pasó a ser conocido como el Privilegio del Castañar Gallego y del Lugar de Hervás y se convirtió en el principal argumento jurídico de la localidad para defender su posición frente a futuras reclamaciones.
El paso del tiempo no hizo desaparecer las controversias. En 1310, Alfonso de la Cerda volvió a confirmar lo establecido en la antigua avenencia. Posteriormente, diferentes monarcas ratificaron aquel privilegio, entre ellos Fernando IV, Alfonso XI, Enrique II, Juan I, Enrique III y Juan II.
La disputa reapareció en 1403, cuando volvieron a producirse diferencias con Béjar por los aprovechamientos forestales. La resolución mantuvo nuevamente la posición favorable a Hervás.
Pero el episodio más revelador se produjo a finales del siglo XVI. En 1596, los representantes de la localidad iniciaron un procedimiento para reconstruir documentalmente sus antiguos privilegios. El proceso se prolongó hasta 1601 y permitió recuperar testimonios fundamentales sobre la avenencia medieval.
El profesor Alberto Muro Castillo, de la Universidad de Extremadura, ha investigado este proceso y ha destacado su valor para comprender cómo los antiguos privilegios medievales continuaron teniendo vigencia e importancia jurídica durante la Edad Moderna.
La historia del Castañar Gallego refleja, por tanto, una realidad mucho más amplia de la sociedad medieval. Para una pequeña comunidad de montaña, disponer de determinados aprovechamientos significaba asegurar recursos imprescindibles y, al mismo tiempo, reforzar su capacidad para defender los intereses propios frente a una jurisdicción superior.
Aquel acuerdo de 1264 estableció las bases de una relación que sobreviviría durante siglos. Las generaciones posteriores tuvieron que conservar documentos, obtener nuevas confirmaciones y acudir de nuevo a los tribunales cuando surgieron discrepancias.
Hoy, los visitantes contemplan un bosque que forma parte inseparable del paisaje de Hervás. Sin embargo, entre sus castaños permanece una historia que comenzó hace más de siete siglos, cuando la jurisdicción y los derechos de aprovechamiento sobre unas tierras podían determinar buena parte del futuro de una comunidad.
El Castañar Gallego es, así, paisaje y memoria, pero también el testimonio de una antigua lucha por el territorio que contribuyó a forjar la propia historia de Hervás.
