
Por Rosa María Sánchez de la Vega.
Madrid, a 3 de enero de 2026
Entre piedras milenarias y ruinas que enseñan: Peridis y el tesoro del convento caído
Nuestra recomendación de lectura de este mes es: José María Pérez “Peridis”, arquitecto, humorista y cronista, ha dedicado su vida a rescatar patrimonio, enseñar con pasión y narrar la realidad con humor y mirada crítica. En su libro El tesoro del convento caído, Peridis nos recuerda que hasta una ruina puede ser una esperanza, y que lo que se siembra se recoge: las piedras, como las personas, pueden transformarse si se les da oportunidad y cuidado.
El convento de Santa María la Real, arruinado y olvidado, se convierte en símbolo y personaje. Peridis lo describe como una metáfora de su generación: lo que la sociedad desecha, ya sea un edificio, un oficio o una persona, puede convertirse en un tesoro. Los logros en su recuperación muestran cómo se pueden transformar jóvenes sin escolarizar en maestros, artesanos en expertos y ruinas en escuelas. Para él, el patrimonio no es solo un bien cultural, sino un motor social.
El arte románico es uno de los ejemplos más claros de esta conexión. “Es arte al aire libre, en armonía con la naturaleza”, explica. Cada iglesia románica no solo fue un centro religioso, sino también un elemento de repoblación, educación y cohesión social. Hoy, en la España despoblada, este arte mantiene su función de atraer, educar y emocionar. “La patria es la infancia y es el patrimonio”, subraya, y denuncia la falta de inversión en conservación: si gastamos miles de millones en armamento, ¿por qué no defender lo que nos conecta con nuestra historia?

Peridis critica la sociedad de consumo y el usar y tirar, que olvida la importancia de lo antiguo. Para él, lo antiguo merece respeto; lo viejo es despectivo. Cada ruina debe conservarse con decoro, porque transmite la historia de generaciones pasadas. Incluso las ruinas urbanas enseñan cómo la economía y la sociedad cambian y a veces destruyen lo que construyeron sus habitantes.
El autor también destaca la importancia del trabajo manual y la educación práctica. La cultura de desprecio hacia el oficio ha denigrado generaciones, y hoy faltan artesanos para reparar viviendas o recuperar edificios. Por eso propone que todos los jóvenes salgan de la escuela con un oficio, y solo después puedan elegir estudios teóricos. Para Peridis, manos es más: aprender haciendo, explorar, crear, y mantener la dignidad del trabajo manual, es una herramienta de vida y aprendizaje.
Sobre política y poder, Peridis mantiene una visión ética: la política es servicio público, un verdadero sacerdocio. El político debe conquistar el poder y ejercerlo para el bien común, pero siempre consciente de que la ambición y la corte de aduladores son una constante. Desde su mirada de caricaturista, observa la condición humana en la política: errores, vanidades, luchas de poder, y también momentos de grandeza. “Un caricaturista de la realidad política es como un dramaturgo de cada día”, afirma, porque refleja las pasiones y contradicciones humanas con humor y crítica.
La experiencia de Peridis en proyectos patrimoniales también le enseñó paciencia, humildad y perseverancia. Recuperar un convento no es solo cuestión de dinero: requiere estudios, referencias, contactos y, sobre todo, saber pedir con respeto y confianza, como quien reza. Cada intervención, cada restauración, cada proyecto educativo asociado al patrimonio es un acto de construcción desde abajo, con sentido social y cultural.
El tesoro del convento caído no es solo arquitectónico: son las personas que lo habitan, los proyectos que acoge, el empleo que genera y la historia que transmite.
Un profesor que fue alumno, una directora que pasó por la escuela-taller, jóvenes que se convierten en maestros… todo forma un círculo de conocimiento, trabajo y vida que da sentido a la recuperación. La ruina, bien conservada, enseña, emociona y educa.
Finalmente, Peridis recuerda que la capacidad de sorprenderse y emocionarse, como lo hacía de niño al mirar las ruinas, es el verdadero motor de su trabajo. La historia, el patrimonio, la educación, el humor y la política se conectan en su mirada: para conservar la memoria y construir el futuro, es fundamental mirar con atención, ilusión y responsabilidad.
