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    Último análisis del año y buen momento para resumir lo que ha pasado y las claves para 2023

    José Carlos Díez Economista y analista económico

    Madrid, a 31 de diciembre de 2022

    El año 2022 pasará a la historia de la economía mundial por registrar la primera crisis energética liderada por el gas natural. Las anteriores crisis energéticas siempre las generaba el petróleo y las más graves asociadas a guerras en el Golfo Pérsico, como las de 1973, 1979 y 1990.
    En el gráfico (número 1) se observa cómo en el pasado mes de agosto el precio del gas natural en el mercado holandés, índice de referencia europea, superó los 300 €/MWh y el de la electricidad en Alemania se aproximó a 1.000 €/MWh. Para no perder el sentido de la magnitud, antes de la pandemia el gas natural estuvo una década por debajo de 20 €/MWh y el precio de la electricidad en un promedio de 50 €/MWh. O sea, en agosto el precio del gas se multiplicó por 15 veces y el de la electricidad en Alemania por 20 veces.
    Las causas de las crisis económicas son múltiples y complejas. Voy a destacar sólo dos: una de oferta y otra de demanda.


    Como explicó magistralmente Alfred Marshall, maestro de Keynes en la Universidad de Cambridge, un mercado es como unas tijeras y necesitas que las dos hojas corten el papel. China está cambiando su mix para producir electricidad y decidió eliminar el fuelóleo y sustituirlo por el gas natural que tiene la mitad de emisiones. El resto de países asiáticos les siguieron y allí se concentra la mayor parte del crecimiento del PIB mundial y de la demanda de materias primas, especialmente energéticas. Eso ha cambiado radicalmente el mercado de gas licuado, ya que en Asia hay poco gas y apenas gaseoductos. Ahora los países asiáticos explican dos tercios de la demanda mundial de barcos de gas y fijan el precio. Europa era el principal destino de gas de Oriente Medio y ahora tiene que competir en el mercado con China y los periféricos asiáticos por el gas.


    En el gráfico (número 2) se observa cómo la pandemia provocó un desplome de la producción industrial muy superior al de la quiebra de Lehman Brothers en 2008. Eso alteró todas las cadenas de producción, inventarios y logísticas mundiales. En el gráfico también se observa que la salida fue explosiva y que un año después la producción industrial mundial había superado ya niveles pre pandemia. China lideró la recuperación y su producción industrial en la primavera de 2021 era un 10% superior a la de 2019.


    Los Gobiernos y los bancos centrales -presionados para evitar una depresión mundial en 2020- sobrerreaccionaron con fuertes programas de gasto público, financiados con deuda pública que compraron los bancos centrales. Es lo que los economistas desde mis antecesores en la Universidad de Alcalá denominamos monetizar la deuda y es condición necesaria, aunque no suficiente para explicar la crisis de inflación en la que estamos inmersos. La Reserva Federal aumentó más su balance en 2020 que en 2008.


    La mezcla de escasez de oferta con mucho dinero en circulación provocó inflación. Empezó a reflejarse en el precio de transportar un contenedor desde China, luego en el gas, el petróleo y los metales y finalmente en los alimentos. Ahora la inflación afecta a todos los bienes y servicios de la cesta de la compra y a los salarios, especialmente en los países que disfrutan del pleno empleo como es el caso de EEUU, Alemania o Reino Unido.


    A esto hay que añadir la guerra de Ucrania y el corte de los gaseoductos rusos a Europa, principalmente a Alemania. La principal economía europea ha reducido un 90% sus importaciones de gas desde Rusia y un 30% sus importaciones de gas. La inflación, especialmente la energética, ha frenado en seco la producción mundial. Teniendo en cuenta la magnitud de la crisis energética y siendo el gas necesario para producir buena parte de los bienes industriales es un milagro que la producción mundial no haya caído, especialmente en Alemania.

    La duda ahora es ¿qué pasará en 2023?
    La guerra de Ucrania y la producción industrial China van a ser determinantes. Si la guerra continúa y el gas escasea y si China acaba su política Covid cero la presión sobre la inflación y sobre la actividad y el empleo continuará. No parece ser el escenario más probable. China tiene varias crisis a la vez: inmobiliaria, bancaria, financiera, geopolítica y de posicionamiento de su industria exportadora, etc. No parece probable un repunte de producción industrial como el de principios de 2022.


    Con la guerra de Ucrania es más complicado anticipar escenarios. El conflicto se ha enquistado y las relaciones con Rusia difícilmente volverán a las de 2019. Por lo tanto, Europa se tendrá que acostumbrar a tener menos gas y más caro. Para solucionar esto es necesario reducir la demanda de gas y aumentar la oferta de energías alternativas. La alternativa al gas es el hidrógeno que es una tecnología muy inmadura y muy cara de producir. El hidrógeno gris salía del gas y ahora es mucho más caro. El verde con renovables es muy poco eficiente aún con el proceso de electrólisis para separar la molécula de hidrógeno y mucho más caro. Los políticos quieren dar esperanza a los ciudadanos pero el hidrógeno no será viable económicamente hasta finales de esta década y tiene problemas de transporte y logística más complejos que el gas.


    El tubo para conectar Barcelona con Marsella seguramente no se hará y si se hace, tardará mucho tiempo en ser útil. Conectas dos puertos que podrían transportar el hidrógeno por barco, como amoniaco o metanol y no es necesario un tubo. Se diseña políticamente y ahora se pide inversión privada. Y España va a pagar un tubo que no es necesario para exportar hidrógeno más barato (producido con fotovoltaica aquí) para que la industria francesa mantenga su competitividad con sus competidores españoles.


    La nuclear tampoco es alternativa. Los alemanes ya asumen que fue un grave error cerrarlas precipitadamente pero construir nuevas tarda demasiado tiempo y es carísimo. Francia, que es líder mundial con Rusia y EEUU en tecnología nuclear, tiene un ambicioso plan de instalar eólica y solar en los próximos años. Los franceses están teniendo serios problemas con los motores de los reactores nucleares por pararlos y arrancarlos para adaptarlos a la demanda y, lo que es más preocupante, filtraciones de uranio que pueden afectar a la seguridad y la salud pública por radioactividad.
    La solución a esta crisis será renovable o no será. En el gráfico (número 3) están las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía de aumento de la capacidad instalada de renovables en 2027 en dos escenarios: central o acelerado. La guerra de Ucrania seguramente nos llevará al acelerado. China está fuera de ese gráfico y seguirá siendo el líder mundial en 2027 y Europa superará a EEUU.
    De los 200 GW de potencia adicional estimada para Europa, España ha comprometido 60 GW a 2030. En enero vencen 80 GW de autorizaciones de conexión a la red, 60 de fotovoltaica y 20 de eólica que la ministra de Transición ha dicho que no va a renovar. Hace cinco años que se concedieron en subastas a manos del anterior gobierno del PP y este gobierno ha sido incapaz en cuatro años de autorizarlas. Si se les quita ahora los permisos ya concedidos, los inversores, muchos de ellos internacionales, pedirán daños y perjuicios al Estado por su responsabilidad subsidiaria, lo ganarán en los juzgados y lo pagaremos todos los españoles de nuestros impuestos.


    España puede y debe ser la Arabia Saudí de Europa pero el enemigo lo tenemos dentro. Cuando los economistas nos referimos a que la fragmentación del parlamento y la polarización de la política española tiene costes nos referimos a esto. Portugal -que tiene un presidente que consigue ganar con el 40% de los votos y es pragmático- acaba de aprobar la declaración responsable para autorizar plantas de renovables sin tener que someterse a evaluación ambiental. Este es el modelo de EEUU: tú declaras que el proyecto es responsable, demuestras capacidad técnica para ello y si luego incumples la ley, la justicia cae sobre todo sin piedad con indemnizaciones millonarias o cárcel en casos extremos.


    Portugal ofrece estabilidad política, seguridad jurídica, las mismas condiciones de sol y viento que nosotros y la misma red de alta tensión y se aprovecha de todos nuestros errores. Francia y Alemania han excluido a las empresas eléctricas del impuesto a los beneficios extraordinarios de petroleras y gasísticas. Nosotros además de meter el impuesto sobre los ingresos ya que no hay beneficios extraordinarios no paramos de poner palos en las ruedas al desarrollo de nuevas plantas. Espero que haya vida inteligente en Moncloa y eviten que su ministra cometa otro error histórico similar al impuesto al sol de Rajoy en 2012.


    La realidad es que las renovables ya suponen el 1,5% del PIB español, la mitad que todo el sector agrario junto. Han generado 115.000 empleos y en 2021 creció el 25%, el sector más dinámico de creación de empleo de nuestra querida España. Muchos de esos empleos son de empresas industriales y de instalación y la mayoría en la España rural y despoblada. Si se cancelan esos permisos, muchas de esas familias irán directamente al paro y según las previsiones del propio Gobierno en 2023 no se crearán empleo adicional para que puedan recolocarse en otros sectores.
    El escenario para 2023 me recuerda a mi niñez en Tierra de Campos. Me tiraba todo el verano en casa de mis abuelos que eran agricultores. Cada noche mi abuelo me sacaba al patio para ver si la luna tenía cerco, lo cual anticipaba lluvias al día siguiente. Reconozco que nunca vi el cerco aunque mentía a mi abuelo y le hacía muy feliz. En esa época ya había cosechado, el trigo y la cebada dormía en la era a la espera de un comprador y si llovía se estropeaba. Ahora necesitamos un invierno cálido para reducir el consumo de gas de calefacción y con mucha lluvia y viento para producir al máximo energía hidráulica y eólica.


    Si eso pasa, habrá apagones controlados y pocos problemas de suministro en Alemania y Francia principalmente. Si hace mucho frío y hay poco viento, necesitaremos más gas y el problema es que no hay. En Europa el escenario de recesión es el más probable, aunque parece que será más suave de lo previsto antes del verano. El riesgo está en que se agrave la crisis del gas y/o en que se contagie la crisis energética a una crisis financiera. La economía española sigue creando empleo aunque con baja intensidad y en noviembre la mayoría de sectores industriales comenzaron a destruir empleo, empezando por el automóvil.

    Otro problema es que el empleo se concentra en muy pocas provincias y en el resto de España el empleo está casi estancado desde que comenzó la guerra. Madrid tiene el 7% de la población española y en el último año ha creado uno de cada cuatro empleos creados en España. Si le sumas Barcelona, Málaga, Valencia, Sevilla, Alicante, Baleares y Canarias en 9 provincias que tienen la mitad de la población española se crea el 75% del empleo.

    En 2022 los riesgos de crisis financiera no se han materializado. La inflación subyacente ha tocado techo próxima al 5% en EEUU y en Europa el techo está próximo a ese nivel también. Eso ha bajado ya el tono de las subidas de tipos de la Fed y el techo también está próximo en 4,75-5%. En Europa los tipos del BCE subirán hasta niveles próximos del 3%, por debajo de la inflación subyacente y por debajo de crisis anteriores. En 2008 los tipos subieron cerca del 5%. Esto ha reducido la tensión en los mercados de deuda y en las primas de riesgo de bonos corporativos y de países altamente endeudados.

    El riesgo político al final no se materializó. En Reino Unido, Liz Truss pasó a la historia en pocos días y el nuevo gobierno más sensato paró la crisis de la libra. En Italia, Meloni puso de vicepresidente a Tajani, del partido de Berlusconi, que fue presidente del Parlamento Europeo y del ministro de economía de la Liga pero enfrentado con Salvini y partidario de ser prudente con el gasto público. La prima de riesgo italiana bajó con fuerza.

    En 2022 la inflación provocó que los ingresos públicos aumentarán más que los gastos y eso redujo las emisiones de deuda pública previstas. En 2023, las economías estarán en recesión, la inflación se moderará y los gobiernos han aprobado presupuestos expansivos para dar subsidios a sus familias y empresas para mitigar el impacto de la crisis energética. Se espera que la emisión neta de deuda pública en euros se triplique en 2023. EEUU financiará la suta sin excesivos problemas. Alemania explicará la mitad del aumento de deuda pública en euros también. Los mayores problemas, como en 2022, los tendrá Italia con 150% de deuda pública, un déficit público próximo al 5% del PIB y un gobierno inestable y populista.

    Si la prima de riesgo de Italia se dispara, como sucedió el pasado mes de octubre con la crisis de libra, el contagio llegará a España rápidamente. España tiene menos deuda pública pero el mismo déficit y también un gobierno muy inestable. El Gobierno ha resistido desde 2019 pactando presupuestos que aumentaban el gasto público pero difícilmente podría conseguir una mayoría suficiente para aprobar un ajuste fiscal en el parlamento, en el caso en el que tenga problemas para emitir la deuda pública.

    El problema del déficit estructural en España se concentra en dos partidas de gasto muy sensibles socialmente: las pensiones y la sanidad. Hay 10 millones de pensionistas y en las elecciones de 2019 votaron 24 millones de españoles. En el

    gráfico anterior se observa que las pensiones fagocitaron el resto de partidas del gasto público en España desde 2011 a 2021. Recordemos que el PP aprobó un factor de sostenibilidad tras el rescate de 2012 que mantuvo el crecimiento de las pensiones con un crecimiento del 0,25% anual. En 2023 subirán el 8%, casi el doble que en la década anterior.

    La sanidad la gestionan las CCAA y también hay mucha sensibilidad social con ella, como vimos en la manifestación masiva de médicos en Madrid que se está replicando en otras comunidades autónomas. El gasto de las CCAA aumentó de media 3 puntos de PIB en 2020 para atender la pandemia, la mayor parte financiado por el gobierno central con deuda pública. En 2021 consolidaron el gasto. En 2022, acabados los confinamientos por la pandemia, el gasto público debería haber disminuido. Pero en el gráfico anterior se observa que el gasto creció en todas, aunque de manera desigual. El Gobierno central, Madrid, País Vasco y La Rioja aumentaron el gasto un 4%, por debajo de la inflación y muy por debajo del crecimiento de los ingresos públicos. Cataluña un 6% y el resto por encima del 10%. Destacan Canarias y Cantabria donde el gasto aumentó un 15%.

    Siento ser tan realista pero nos enfrentamos a un año muy incierto. Si el invierno es cálido, hay viento y podemos emitir la deuda pública a tipos similares a los actuales será un año de crecimiento débil con menor inflación. Si se complica la crisis energética y/o la financiera el escenario se puede complicar, aunque es difícil anticipar la magnitud de ambas crisis.

    Entramos en periodo navideño y los que hemos mantenido el empleo y los ingresos, hemos sufrido la inflación pero podemos celebrar la navidad con alegría. Los que ya ibais al límite y no tenéis empleo sois los que de verdad están sufriendo lo peor de la inflación y mis pensamientos están con vosotros. Vosotros debéis ser nuestra prioridad. Sed prudentes con el gasto y ahorrar un poquito por si en 2023 las cosas no salen como teníais previsto y que os pille con un poco de colchón. Si luego los riesgos no se materializan cuando pase la crisis energética te lo gastas con alegría.

    Un año más quiero agradecerte estar al otro lado y que cada mes te leas mi análisis. Me hace feliz pensar que mis comentarios te son de utilidad. Gracias, gracias y mil gracias y que la fuerza te acompañe en 2023.

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