Regadíos extremeños

OPINIÓNRegadíos extremeños

Enrique Julián Fuentes. Ingeniero Forestal

Montehermoso, a 1 de octubre de 2023

El agua es fuente de riqueza. Lo ha sido desde tiempos ancestrales, pero sobre todo en los tiempos que corren, donde la sequía, se hace cada vez más evidente.


En otras ocasiones he comentado las múltiples bondades de los embalses extremeños y el acierto en su diseño y construcción, que a modo resumen y por citar un simple dato, acumulan en torno al 25 % del total de agua dulce embalsada de España.


Nuestros embalses ofrecen multitud de beneficios, esto es, ejercen una función imprescindible como es la de abastecimiento para la población y sus actividades empresariales asociadas, albergan hábitats de especies silvestres de fauna y flora y por supuesto, cumplen una función impagable para el crecimiento y desarrollo de los cultivos que crecen en los campos extremeños. Sin embalses, no sería posible desarrollar la agricultura fértil existente en las miles de hectáreas de cultivos de regadío.
Pese a que tres cuartas partes del planeta están compuestas por agua, el agua dulce a día de hoy es un bien escaso. Aunque estemos acostumbrados a disponer de ella prácticamente sin limitaciones, no debemos perder de vista que en otras muchas áreas y regiones del planeta se sufren restricciones temporales o incluso no hay posibilidades de hacer uso de ella. No somos conscientes de la riqueza que tenemos y no llegamos a valorar suficientemente lo que supone disponer de un recurso tan valioso como es el agua.


Sin agua no hay vida y como fuente de riqueza y desarrollo que es, debemos considerarla.
Los regadíos extremeños cuentan hoy en día, con una superficie que supera las 290.000 hectáreas. Una de cada 14 hectáreas de la superficie de Extremadura, o lo que es lo mismo el 7,25% de la misma, se encuentra aprovechada por terrenos cultivados en régimen de regadío y siendo gestionada de forma eficiente y localizada, en un porcentaje que se acerca al 60%.


En los últimos cinco años y sobre los citados terrenos de regadío, hemos sido testigos del avance y proliferación de miles de hectáreas plantadas de frutales en régimen intensivo y súper intensivo. Inversores privados procedentes de otras regiones y países, ya sea empleando fondos de inversión o a través de capital privado, han puesto sus ojos y sus recursos en los regadíos extremeños, confiando sus ahorros en transformaciones del territorio, como método de garantizar el capital y asegurar una fuente de ingresos continuada y asegurada durante los próximos 30 años.


Las praderas polifitas, otrora aprovechadas por ganado vacuno y ovino, han ido dejando paso a la tecnología punta y al cultivo sofisticado de olivares, almendros, pistachos y nogales que, entre otras especies, gozan del reconocimiento saludable por parte de las autoridades sanitarias y contribuyen al incremento del valor añadido de los terrenos extremeños de regadío.


Aún es pronto para saber si hay algún objetivo oculto tras la proliferación de esas miles de hectáreas de cultivos de frutales y si la legislación futura, dotará de derechos de carbono a estas plantaciones uniformes y homogéneas.


La transformación que experimenta en nuestros días el terreno de regadío, solo es comparable a la que vino de la mano de la implantación de los mismos, tras la construcción de los grandes embalses y su puesta en funcionamiento, en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. Una medida que, sin duda, trajo empleo, desarrollo y valor añadido a nuestros productos y que contribuyó a la lucha contra la despoblación que sufrieron los núcleos rurales extremeños, en un momento en el que la población emigraba en desbandada hacia otras comunidades más desarrolladas que requerían de mano de obra para su crecimiento.


El agua es un bien escaso y a la vez sinónimo de progreso. Es fundamental aplicar políticas de eficiencia sobre el agua y trabajar también en el diseño de nuevas infraestructuras de riego, ya sean de alta montaña para poder aportar durante los meses estivales, las necesidades hídricas complementarias de olivares y frutales que crecen en las laderas de los valles extremeños, o incluso en nuevas áreas que pudieran experimentar este crecimiento a base de una adecuada e innovadora gestión hídrica.


Toda política enfocada a la provisión, eficiencia y gestión del agua, es sinónimo de crecimiento y progreso para la población que habite en las inmediaciones, del que sin duda es, nuestro bien más preciado.

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