¡Aquella buena gente de Béjar, años 50-60 …!

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Pepe Blanco.

En nuestro número del mes de febrero iniciamos un tema que un montón de gente de Béjar recibió con mucha emoción y hondo sentimiento, como así me lo hicieron saber a través de las redes y cara a cara en plena calle. Esto me ha llenado de enorme satisfacción y ha sido la causa por la que alargo el tema en el mes de febrero.
Hablo de personas que para mí están muy por encima de tantos “palmeros” que vi en FITUR, detrás de algunos políticos, que lo que hacen es gastar dinero público (no generalizo, porque siempre hay excepciones; y, en este caso hay algún nombre propio al que toda España se refiere).
En la Calle Parrillas vivían los hermanos Antonio, Andrés y Gonzalo, hijos del carrero de entonces, llamado el “Andaluz”. Un poquito más arriba, junto a la Fontanería del señor Podón, estaba Eugenio con sus hermanas Conchi y Carmen. Sólo se enfadaba cuando le llamábamos “Robavacas”. Encima vivía Manolo con su madre y su tío, que era “el hombre del saco”, porque siempre lo llevaba encima., para meter los zapatos, que recogía en los pueblos.
Frente al caño vivía Paco “Poldo”, y en el mismo edificio vivía el padre del exministro de trabajo, señor Caldera, quien tenía una moto “Iso”. Un buen día, Félix Coca y yo se la arrancamos y, como no sabíamos pararla, …a correr.


Un poquito más adelante estaba la casita de Acción Católica. Los que mandaban eran Paco y el hijo del maestro, don Costa, empleado del Ayuntamiento; y Arturo, un chico muy alto. En frente estaba la Bodega de Molina y en la época de la uva los niños nos reuníamos allí, para ver si podíamos pillar un racimo que nos sabía a gloria.


En la Calle Mansilla, en el primer portal, vivía mi querido y recordado Paco el “Barbero” y sus dos hermanas; y en la buhardilla, pájaros que él criaba (muchos de éstos son mejores que muchos de nosotros). Su hermana Vitori nos quería a los amigos de su hermano, como se fuéramos unos más de la familia. Cosas de la vida, con apenas doce años tuvo que ser ama de casa, -demasiado pronto-. Su hermana mayor, Carmen, era una mujer valiente. Recuerdo que en una ocasión un niño de la zona le tocó el trasero; y, sin más, le dio un par de tortas y lo dejó sentado. Carmen se casó joven y se marchó con su marido, dejando a Vitori la responsabilidad de atender a su padre y hermano.¡ Querida amiga, esto fue lo que en la vida te ha hecho grande!
En dicha Calle Mansilla, en estos años, se inauguró el Mercado de Abastos, que resultó un éxito total. En este lugar se vendían y compraban hasta “las calenturas”. Frente a este local estaban los amigos Quino y Proyecto, quienes cambiaron los trastos de coser por la música. Un poquito más arriba estaban los Recreativos del señor Bienve, un sastre con visión de los negocios que dejó la sastrería y no le fue nada mal; porque todo el dinero de los niños de entonces quedaba en su casa. Tenía cinco hijos varones: Ángel, Tomás, Pepe, Bienve y Manolo. Una vez dejados los recreativos, pusieron una cafetería muy moderna, Brasilia.; hasta que llegó la crisis a Béjar que acabó con todo.
En la Calle Mansilla teníamos un buen Ultramarinos, Esteban Marcos, buena familia que ayudó a mucha gente con el sistema de “la libreta al debe” y les daba todo tipo de facilidad para pagar. También existía una Cacharrería que tenía de todo. Su dueño era cartero y tenía una hija de mi edad llamada Castora. En frente estaba la alegría de la huerta, Gaseosa Molina ¡Qué rica y qué sana! Allí trabajó mi padre junto al señor Evelio y sus hijos: Juanjo, Evelio y Alfredo. ¡Qué rico estaba el Orange que siempre me daba a mí!
Termino Para mis recuerdos Gaseosa Molina y los” Choricitos” siempre serán grandes; porque en aquella difícil época hicieron grande y feliz a un niño; y es grande el que hace grande a los demás.
Recuerdo a Ángel Domínguez, cuando salía corriendo de la taberna hacia el reloj de San Gil y volvía volando. Yo le recuerdo como “genio y figura”. Años después me enteré que Ángel era el encargado de dicha reliquia de San Gil.
Los “Choricitos” eran una gran familia. El señor Agustín y la señora Gumersinda dejaron, entre otras cosas, ochos rosas sin espinas: Fermín, Agustín., Vicente, Ángel, Tomasa, María, Flori y Toñi. Todos ellos hicieron el bien, ayudaban a la gente, dieron sin esperar nada a cambio; simplemente porque les salía del corazón. Por esto, generaron riqueza y amigos a su alrededor. ¿Hay quién dé más?…
Para hablar de todos y cada uno los “personajes”, que revivo en esta página, las palabras siempre se me quedarán cortas. En los recovecos de mi alma os guardaré siempre el mejor de mis recuerdos…

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