
Pepe Blanco
Puerto de Béjar, 4 de febrero de 2024
Los niños de aquella época, entre los cuales me encuentro, sin ninguna duda, fuimos felices y “la alegría de la huerta”. No teníamos nada, absolutamente nada. Carecíamos de todo, ni tan siquiera teníamos agua corriente; por lo cual en el portal donde yo vivía había un agujero a la entrada de la casa, para todos los vecinos, donde hacíamos nuestras necesidades. Al acabar, echábamos un cubo de agua y hasta la próxima…
Hoy se inundan estas líneas con las lágrimas del recuerdo, pensando en los niños del “Cervantes” al “Castilla”, los dos cines que había en Béjar en aquellos tiempos.
Al lado del “Cervantes” estaba el almacén de borra del señor Eulogio; la fábrica de caramelos “Cela”, que desprendía un buen olor. No teníamos nada, pero la Calle Olleros, siempre estaba llena de gente y en la misma esquina daba los pregones el señor Manolo, el pregonero. Había tres tabernas que estaban abiertas todo el día: “El Choricito”, “El Colmado” y , unos años más tarde, Manolo “El Alegría” estaba en frente de la academia “Amacardi”, donde estudiaban los niños que “tenían posibles”.

“El Chori” era mi segunda casa. Cuando salía de la escuela, me iba derecho a la taberna para llevar los medios de vino a los señores Canosa, Alisente, Bañero y otros. Recuerdo al patriarca de los “Choris”, el señor Agustín con su visera; Vicente y Ángel, sus hijos, que me querían mucho y era muy feliz con ellos. Todos los días me comía varios pinchos de anchoas con aceitunas y sardinas en aceite. En aquella época, para mí, era un lujo. Y Ángel me decía: “Toma un poquito de Orange, que entran mejor los pinchos”. Esta famosa bebida yo la tenía en la cabeza; ya que, cuando iba a ver a mi padre que trabajaba en “Gaseosas Molina”, siempre me lo daban.
Un portal más hacia arriba de la academia vivía la familia de la señora Susana, tía de Rafa Hidalgo, y tenía cuatro hijos: José Luis, Mari, Pilar y Julián. La señora Susana murió muy joven. Recuerdo estar con mi madre en su casa, cuando ocurrió. Le pregunté por ella y me dijo que estaba en el cielo.
En el 24 de la Calle Olleros, donde yo nací, vivían la señora Juana y el “Picapeces”, con sus hijos Tere y Pepe. En el portal el buen amigo Eduardo y Marcelino con su abuela Eduvijes. Era defensora a muerte de sus nietos. Al lado de la señora Susana vivían las tres “rosas”, las de la señora María, la de la casa chica, Tere, Geli y Mati. Yo, entonces, molestaba a todas las niñas de la calle. Pero su abuela estaba vigilante y yo también; porque, cuando bajaba, Pepín a correr. Ésta también “mataba” por sus nietas.
Debajo de ella estaba la cochera de don Paco Bruxi, el médico, Al lado estaban mi prima Carmina, José y una niña que se llamaba “Varillas”.
Encima del “Chori” vivía Amalio, “el Palillo”. Este niño era hijo único y por esto vivía un poquito mejor que los demás. Justo en frente estaba el taller de “Cejuela”. Su hijo Basilio tenía mi edad y poco antes de morir me dijo: “Pepín, tú de niño eras un cabronazo. Te acuerdas del coche que me trajeron los Reyes, tú me lo quitaste”.
Sí, Basilio. Pero Dios me castigo, porque un día, dándole cuerda, se me coló por las escaleras. Bien seguro que estaría en los escombros, cuando se derribaron las casas; éstas, que, por curiosidad del destino, hoy son propiedad de la familia “Cejuela”, Calle Olleros, 24.
Recuerdo que Basilio, poco antes de morir, me dijo que me enseñaría algunos de los coches antiguos, que tenía en sus talleres. Pero la vida no es nada, absolutamente nada y emprendiste un camino que todos, algún día, haremos.
La próxima columna, del próximo mes, seguiré con los niños del caño de agua, donde vivía el señor Herminio, el policía; cine “Castilla” hasta “Gaseosas Molina”.
Termino. Curiosidades de la vida. Hoy, siete décadas después, me encuentro con otro “Chori” en una entidad financiera.¡¡¡ Suerte, amigo!!! A los que ya no estáis mis recuerdos más emocionados y al resto… que en la vida todo os vaya bonito,