
Puerto de Béjar, 4 junio de 2024
Hay personas en la política que están haciendo cosas válidas; pero otras están ahí para aparentar y llevarse “la pasta”. Eran “los últimos de la clase” y, ahora, van de listillos. ¿Cómo hemos podido dejar que nos representen “los últimos de la clase”?
El problema no es sólo de ellos y de su ética, sino también de aquellos que los aplauden, porque salen por la tele y son famosos.
Es normal que algunos se crean “el no va más”. Hay que decir las cosas claras, no sólo a los políticos, sino a todo el mundo; eso sí, con educación, con afán de construir y con mucha, mucha transparencia:
Aplaudir sólo si los admiras de verdad; porque, de no ser así, estás siendo un hipócrita y a la vez estás alimentando su “ego”. No olvides que las empresas, los partidos políticos y las organizaciones en general sólo son una cosa: la suma de personas y el mundo y la vida son eso mismo, la suma de personas….
Y hablo de “los palmeros”, porque en mi experiencia personal los he visto por muchísimas partes y en cantidad de eventos, como recientemente en la Feria Internacional de Turismo en Madrid. Y allá donde estaba un presidente autonómico, un alcalde o un político… allí, allí mismito, a su sombra, estaban “los palmeros”, “sus palmeros”.
¡Qué pena, qué daño hacen en cualquier lugar o pueblo, porque en la mayoría de los casos suelen ser unos grandes “correveidiles”, mintiendo en la mayoría de las situaciones, para que “su jefe” esté siempre contento !. Y éste, el jefe, que los cree a ciencia cierta, no contrasta la realidad con lo que le ha dicho “su palmero de turno”. Es decir, le dicen al jefe lo que ellos ya saben que le gusta escuchar al jefe…”
Y estos “palmeros-personajillos” hacen un daño terrible y, al final, con ellos el jefe, en vez de sumar, resta y es el auténtico perjudicado, juntamente con el pueblo donde sus mentiras crean un ambiente disruptivo, nunca de convivencia. ¡Es una pena, pero es así!
Termino: Hay que huir de los palmeros, porque son gente tóxica y se identifican con aquellas personas que, no sólo no aportan nada al jefe ni al núcleo social que éste preside, sino que restan, restan y restan. Hay que quitar del medio con toda urgencia a los palmeros, porque son “ladrones de energía cívica, ética y social”.
Ten cuidado, porque hay quienes se “disfrazan” de buenas personas y son “tóxicas, que intoxican a los demás. Y, además, hay que tener mucho cuidado para descubrir quién es “el palmero,” y qué grado de toxicidad va vertiendo una y otra vez en el ámbito social donde pulula. Su influencia puede ser letal para el jefe y, en consecuencia, para el entorno social donde actúan.
Sin más, aunque te perjudique, a la larga, siempre será mejor para ti, jefe, sumar que restar…