Plasencia, a 15 de diciembre de 2025.

Por Enrique Julián
“Se apagó el fogón”.
Qué fácil resulta abrir este capítulo, empleando una simple frase de las tuyas; una de aquellas que tantas veces repetimos en la juventud y que aún nos estremece al escucharla y nos llena de buenos recuerdos.
Evaluar la grandeza de tu obra desde un punto de vista técnico, es tarea de la crítica musical pero, poder disfrutarla, pertenece a los miles y miles que la gozaron durante los últimos 35 años en los que nos acompañaste con tu música y con tu omnipresencia en los instantes más dispares de nuestra vida.
Éramos sólo unos críos cuando cayó en nuestras manos y de forma semiclandestina, la cinta con tu primera maqueta “Rock Transgresivo”. En otoño del 89 y junto al colector de la Isla, coreábamos a escondidas, como si fuera un pecado, cada corte y cada estrofa de tu primer trabajo. 7 temas poderosos repletos de una personalidad arrolladora: Extremaydura, Arrebato, Decidí, Romperás, La hoguera, Jesucristo García y Emparedado.

Un material grandioso, salvaje y pegadizo, que, a pesar de la baja calidad sonora, nos conectaba con un mundo desconocido y nos hacía sentir mayores, a pesar de nuestra incipiente adolescencia. Te veíamos pasear con tu familia, empujando un carrito de bebé y te saludábamos como si fueras alguien importante; porque realmente lo eras, aunque aún no lo supieras. Alguien verdaderamente grande que iniciaba su carrera, único en su especie y a la altura de los grandes genios de la creación española: Sabina, Camarón o Paco de Lucía.
Forjabas tu leyenda en el día a día con trabajo, talento y discreción, obviando que la gente que te miraba desde la distancia no era consciente del genio que tenía ante sus ojos. Te equivocabas, pues, aunque éramos jóvenes y nunca hubiéramos salido de nuestra casa, ya teníamos la intuición suficiente para identificar a una auténtica estrella.
Ese puñado de sinceras canciones, extendidas en apenas 30 minutos de diversión, te hizo conectar con una juventud necesitada de propuestas valientes y te catapultó fuera de un espectro musical en el que abundaban las radiofórmulas de finales de los 80. No había mejor publicidad que repetir de memoria tus versos desgarrados en compañía de los amigos de juventud.
La genialidad de tus comentarios, unido a ese aire macarra y desenfadado pero culto y educado, alimentó la leyenda de espiritualidad a la que te enfrentabas en cada acto en el que se palpaba tu presencia.
Viajes en bus y noches en vela para acudir a nuestros primeros conciertos, que ya dabas en las grandes ciudades ante algunos miles de personas y que pagábamos con los escasos ahorros que teníamos, nos hicieron crecer en experiencia y conectar aún más con tu forma de entender la música y la vida.
Presumíamos de nuestro paisano más célebre frente a los compañeros de la universidad, que se iban sumando a tu causa nada más escuchar cualquier pedazo de alguno de tus discos.
Lejos de ser abanderado de unos o de otros, te convertiste en un ser universal y probablemente, en el mayor genio de la historia de la música española. Algunos siempre lo tuvimos claro, mientras que otros, se están dando cuenta en estos días, al ver lo que verdaderamente representabas para la gente.
En estos días y tras haberse conocido la triste noticia de tu muerte, muchos de los amigos y compañeros de juventud con los que hacía tiempo que no mantenía contacto, me han trasladado su pesar, compartiendo anécdotas de tiempos felices que ya no volverán. Tiempos felices que han vuelto a la memoria al recordar nuestra amistad.
Tu música tenía además eso, capacidad de conectar a las personas en el espacio y en el tiempo, independientemente de los momentos vitales de cada cual; un hecho que la convierte en atemporal, clásica y universal, a la altura de unos pocos elegidos por la inconmensurabilidad de su obra.
Un buen número de conciertos en los que se disfrutaba del mejor ambiente desde el primer instante del día; cientos de vivencias compartidas y miles de horas en compañía de tu música durante los últimos 35 años, cada uno de los días.
Qué pena que no tengamos líderes en nuestra sociedad capaces de unir al pueblo como tú lo hiciste. Siempre desde el respeto y la convivencia que se transmitía en cada uno de tus conciertos.
Hoy lloramos tu pérdida y no porque se nos haya metido un poco de arena.
Gracias por todo, leyenda. Te vamos a echar mucho de menos.
Hasta siempre, Rey de Extremadura. Hasta siempre Robe. Hasta siempre, siempre, siempre.