Por Enrique Julián Fuentes.
Montehermoso, a 4 de mayo de 2025.
El todo es más que la suma de las partes, de igual manera que los bosques representan algo más que un amplio espacio poblado de árboles. Ejercen, entre otras muchas funciones, como pulmones del planeta, reservas de vida y lugares que conectan a las especies de fauna y flora silvestre con la presencia del hombre.
Los bosques depuran el aire de las ciudades y oxigenan los gases procedentes de la actividad industrial y de los medios de locomoción, cumpliendo un papel fundamental en la salud pública y en el mantenimiento de la biodiversidad.
Resulta fundamental, por tanto, cuidar de ellos con respeto e invertir en acciones de conservación y desarrollo sostenible. En otras ocasiones he comentado la importancia de disponer de una masa forestal saludable y bien gestionada, pues no hay mejor tarjeta de visita para un territorio, que el buen estado sanitario y la higiene que ofrecen sus bosques.
Un monte saludable refleja el cuidado de los ecosistemas, promoviendo en la sociedad el respeto y la educación ambiental necesarios. Además, las instituciones deben implementar políticas que permitan un uso equilibrado de los recursos naturales, fomentando actividades que generen empleo y ayuden a mantener a la población en las zonas de influencia.
La pérdida de biodiversidad es una de las mayores preocupaciones ambientales que existen en la actualidad y está muy vinculada con el abandono de los montes y, por ende, con la propagación de incendios forestales.
Es necesario aplicar las condiciones que garanticen la protección de la naturaleza desde un enfoque de gestión responsable y que apueste a su vez, por el equilibrio entre las necesidades de la población y la conservación del ecosistema. Es decir, permitir la puesta en marcha de proyectos responsables que generen riqueza y que sean plenamente compatibles con la conservación del espacio y con el mantenimiento de la economía; cada vez más maltrecha y con una carga económica absolutamente insostenible.
A modo de ejemplos: el coste que supone el pago de las pensiones en España, está cifrado en 13.500 millones de euros mensuales y el coste de la masa salarial pública, asciende a otros 13.000 millones de euros al mes.
Por comparar cifras y a modo únicamente orientativo, con el gasto público soportado de un único mes por ambos conceptos, podrían repoblarse más de 6 millones de hectáreas de nuevo bosque, creando 75 millones de jornadas de trabajo (282.000 empleos a tiempo completo durante 1 año), activando la economía, mejorando la biodiversidad y mitigando fenómenos como la despoblación o la generación de incendios forestales.
Esta utopía, inasumible para los tiempos en que vivimos, no es más que un simple ejemplo de lo que podría suponer la puesta en marcha de una estrategia forestal a gran escala. Una planificación que activaría la economía y aportaría multitud de beneficios socioeconómicos, promoviendo la sostenibilidad, la biodiversidad y el bienestar de las personas en los entornos rurales.
La plantación de especies autóctonas, fortalece la biodiversidad y controla la expansión de especies invasoras que puedan dañar los ecosistemas. Así mismo, favorecer la creación de corredores ecológicos que conecten diferentes áreas naturales, permitiría a la vez, que las especies circulen libremente, fortaleciendo los ecosistemas.
Acometer nuevas plantaciones en áreas degradadas, recuperaría suelos y mejoraría las condiciones ambientales sobre las que se asienta la fauna y flora, creando refugios para la vida silvestre.
Nuestros bosques y montes son más importantes de lo que pensamos y pocas veces hemos sabido valorarlos como sociedad, ya que además de todo lo mencionado, garantizan la vida de las personas, mejorando la calidad del aire y del agua y protegiendo a las poblaciones frente a posibles avenidas y procesos erosivos de difícil control.
Un paseo por el monte, fomenta el turismo rural, reduce el estrés y mejora la salud mental. Ofrece la posibilidad de avistar aves o identificar especies botánicas en su estado natural, que estamos acostumbrados a ver únicamente en parques y jardines.
Los montes saludables muestran quienes somos y cuál es nuestro compromiso con el medio ambiente. Reflejan la educación y el respeto que tenemos sobre los mismos y nos acercan a una madurez colectiva que ojalá, algún día, pueda convivir en armonía con la naturaleza que nos rodea.
