Nuestra recomendación de este mes, lleva el añadido de ser Premio Principe de Asturias, un autor aspirante eterno al Nobel, que escribe con su nombre o su seudónimo, dependiendo del registro de novela. En esta ocasión es Benjamin Black, quien ha escrito “Los ahogados”

Benjamin Black – Escritor
Por Rosa María Sánchez de la Vega.
Madrid, a 5 de abril de 2025.
“Un coche medio vacío en medio de un campo llama la atención a un tipo solitario a quien el hallazgo le resulta misterioso. Debería no acercarse pero no puede evitar la tentación. Esto le traerá consecuencias. Va a haberse envuelto en un inquietante caso en el que el hombre asegura que su mujer ha desaparecido y que podría haber arrojado al mar. Estamos en Irlanda, años 50”.
—La curiosidad, ¿podría ser una de las mayores asesinas en la historia?
—La curiosidad nos lleva a algo que sabemos que no debemos hacer y luego trae consecuencias. Lo que mueve a Quirke, por ejemplo, es la curiosidad. Quiere saber ¿qué es lo qué ha pasado?. Quiere saber ¿quién ha matado a esta persona?. ¿Por qué ha matado a esta persona?
Me gusta que en este libro y en el anterior esté el mismo tipo de asesino. Y nadie sabe que es el asesino. Solo es al final del libro. Los lectores son los que se enteran de quién es el asesino.
—Irlanda, años 50. No estaba permitido el divorcio.
—En Irlanda no te podías divorciar. Pero si eras doctor, abogado, político, podías ir a Roma y conseguir como la anulación. Incluso si tuvieses tres o cuatro hijos. Podías decir, oye, no hemos tenido nunca relaciones sexuales, este matrimonio no funciona…Es una situación bastante hipócrita, la verdad.
Pero, a ver, estamos en España ahora, y conocéis el poder del Estado, el poder de la Iglesia, las mentiras que hay que contar…
—La pederastia en esta novela no es en grupal, o abuso a varios niños, es de un personaje a otro.
—Es uno de los personajes más tristes. Siento pena por él. Es adicto.
Yo tengo suerte porque a mí lo que me ha generado adicción han sido las mujeres. Las mujeres mayores me encantaban, siempre me enamoraba de ellas. Pero qué horrible sería si no pudieses enamorarte de otra cosa que no fuesen niños de 10 u 11. Es horrible. pero también es amor. Si lees Lolita, el libro de Nabokov, probablemente a día de hoy no se publicaría.
Para mí es uno de los libros de historias de amor más bonitas del mundo, pero sobre un pedófilo y su víctima, y es precioso. O sea, la ambigüedad está ahí siempre en nuestra vida. Decidimos que algo es un crimen. Pero si este hombre, el pedófilo del libro, hubiese vivido en la antigua Grecia, hubiese sido normal, como el resto del mundo.
—¿Dios creó el mundo para que pudiéramos disfrutarlo?
—Hay una maravillosa frase en Kafka. Es una conversación que tuvo con Max Brod y dice somos como el mal humor de Dios. Dios estaba de mal humor cuando nos creó y nos inventó. Y creo que es cierto. Y claro, luego habrá pensado, madre mía lo que he hecho, y se fue, y nos dejó aquí, solos. Nos ha dejado a la deriva.
—La vida la mueve, el destino, las trampas, o la capacidad de no entendernos.
—Yo no me entiendo a mí mismo y no querría entenderme a mí mismo. Tal vez en mi último momento de vida diga, ¡Anda! Esta es la respuesta, ¿no? Pero no puedes entenderte porque no hay nada que entender.
Es un error pensar que hay un significado en la vida, que la vida tiene que tener un significado. La gloria de la vida es que no significa nada y no tiene significado. Somos solamente nosotros aquí, tomamos decisiones, pero todas están mal.
—¿Qué emoción le produce o le gusta más como escritor?
—Bueno, no sé si la avaricia es una emoción, pero creo que querer más, sí, la avaricia.