Puerto de Béjar, 9 de junio de 2026.
En los primeros días de marzo de 1976, llegué al El País por casualidad y aprendí rápido a poner “b” donde era, y no “v”. El primer día, trabajé desde las 17 horas hasta la salida del periódico, que muchos días eran las 9 de la mañana del día siguiente. Me dijeron, usted siempre pendiente de lo que manden los cuatro espadas de primer nivel: Delkáder, Casares, Martín Prieto e Ismael López. También César Lucas, Marisa Flores y Soledad Álvarez Coto.
Los dos primeros años, trabajar en El País resultó ser bastante peligroso. Entonces no teníamos los medios que hay ahora y la mitad de lo que se publicaba lo recogíamos de la calle. Tuve muchas agresiones, dos de ellas bastante serias en casa de Carmen Rico Godoy y Carmen Martín Gaite, por parte de algún vecino que escuchó mencionar a El País. A partir del tercer año todo cambió y sucedió todo lo contrario, al escuchar El País te abrían todas las puertas.
El periódico se convirtió en una máquina de hacer dinero, dinero que llegó a todos sus trabajadores. Además de ser un periódico necesario y referente en España, Europa y el mundo. Gracias a Don Juan Luis Cebrián y ese ramillete de periodistas que logró reunir bajo su batuta. Hoy sería imposible reunir a tan buenos periodistas como él lo hizo.
Los ya mencionados y los Urbaneja, Candau, Camilo Valdecantos, Boni, Sol, Angulo, Ceberio, Juan Cruz, De la Calle, Bedoya, Fraguas y tantos otros que no menciono, pero los recuerdo a todos. Y con una secretaria que era la alegría de la huerta, Rosi.
En mi universidad tuve la suerte de conocer gente que sólo con mirarla aprendía. La familia de Julián Marías, Javier Pradera, Calvo Serrader, Don Eduardo Haro y Concha Barral… palabras mayores, Francisco Umbral y María España. Gracias a Umbral conocí a Enrique Tierno Galván, qué gozada, Manuel Vicent, al gran Peridis y Máximo. Sigo teniendo relación con alguno de ellos.
No quiero terminar sin mentar la dulzura de un Señor, Señor, Don Jesús de la Serna y la amistad que me unió a Javier Babiano.
Queridos Cincuentañeros, en este momento doy una pincelada de los más de 500 folios que tengo escritos de mi vida en El País, dónde fui feliz y dónde habría trabajado gratis, pero por suerte, me pagaban bien por lo que hacía.
Sin más, aunque esto da para mucho, a los que ya no están, mi recuerdo más emocionado, y a los que estamos, que en la vida nos vaya bonito.
