
Rosa María Sánchez de la Vega. Escritora.
Madrid, a 2 de marzo de 2025.
La recomendación de lectura en esta ocasión, tiene que ver con el proceso previo al juicio contra Dominic Pelicot, padre de Caroline Darian (nombre con el que firma), que ha presentado en España: “Y dejé de llamarte papá” (Seix Barral). En su libro narra el proceso previo al juicio contra su padre, por drogar y violar de manera continuada a su madre: Gisèle Pelicot.
A través de una llamada que Caroline recibe el 2 de noviembre de 2020, comunicándole que su padre estaba bajo custodia policial al descubrir que a lo largo de una década, había drogado y promovido que decenas de hombres violaran a su madre mientras él filmaba las agresiones.
Gisèle Pelicot, se convierte en la hija y en posiblemente víctima, ya que durante la investigación se entera, de que también ella podría haber sido víctima de su padre, del mayor depredador sexual de los últimos años.
Gisèle deja de apellidarse Pelicot, porque no puede llevar el apellido de un un monstruo, al que hasta hace poco consideraba como un buen padre, y toma el apellido de su madre Peyronnet.

Carolina se atrevió hace tres años a escribir este libro, pensando que sería una de las pocas maneras que hay de transformar un trauma personal y familiar en una acción militante colectiva de seguridad, así como concienciar a la sociedad acerca de la sumisión química, que está, aunque no seamos capaces de verlo, en el entorno intrafamiliar.
Caroline, además, ha dedicado estos últimos años, a través de la asociación que ha fundado: #Mendrospas: Stop a la soumision chimique. (No me duermas: stop a la sumisión química), en transformar el trauma en una acción militante.
En cuanto a las condenas, considera que Dominic fue condenado a veinte años, la pena máxima, con la posibilidad de realizar dos terceras partes de la condena, ahora tiene 70 años, y ya se verá qué pasa con el resto de su vida. Pero a los 50 condenados por violación está muy por debajo de lo que pedía la Fiscalía.
“El proceso fue a puerta abierta por la propia decisión de la víctima, de haberlo hecho a puerta cerrada habría sido un regalo para los acusados”. Afirma Caroline.
“Dominic lo ha negado todo hasta el final, porque no tiene la capacidad de admitir la verdad, la verdad total en su conjunto y eso no solo me afecta a mí, aclara Darian, porque el juicio no nos ha permitido saber cuándo empezó todo esto y cuántas personas están en realidad implicadas en este asunto”.
Caroline afirma en su libro que está convencida de que la segunda presa fue ella misma. Pero en este momento no se puede abrir otro proceso judicial porque las únicas pruebas de las que dispone, son dos fotografías encontradas entre el material de su madre, a ella misma sedada. Pero las dudas y las certidumbres permanecen.
“Quiero dejar claro que mi compromiso para con esta causa, porque quiero que se entienda como una causa, un hecho de salud pública, ya que es importante para mí porque supera cualquier elemento a nivel de sucesos. Supera también el trauma personal. Y desde hace dos años, el hecho es que todas mis intervenciones mediáticas, me han permitido darme cuenta de que esto tenía una utilidad pública, se está convirtiendo en un tema de sociedad que supera ampliamente lo que podíamos constatar hace apenas tres años o tres años y medio. Entonces era algo como una causa que se consideraba que sólo afectaba a salidas, a momentos festivos, discotecas, etcétera, y no es así”, afirma Caroline.
Y añade: “Las víctimas necesitan sentirse menos aisladas y menos solas, se debería sistematizar una atención a las víctimas a la salida de la comisaría, lo cual no existe. Y después, lo que se necesita realmente, es que las cosas avancen en la atención médica. Los profesionales de la salud no están en absoluto formados para detectar casos de sumisión química entre sus pacientes”.
“La necesidad de que la vergüenza cambie de bando”, esta frase se ha convertido en un lema. Me viene a la mente cuando empiezo a escribir. De hecho fue rápidamente después de descubrir los hechos, cuando descubrimos una vergüenza porque tú eres la hija de uno de los mayores depredadores sexuales de los últimos años, y es una fórmula que yo descubro pero que vivo desde dentro. Declara la autora.
Y continúa: “Y creo que es una fórmula que habla, interpela a mucha gente y sobre todo a las víctimas de violencia sexual, que la mayor parte del tiempo tienen miedo de afrontar la situación y decir las cosas. Y no les corresponde a las víctimas llevar la carga de la vergüenza en sus espaldas” .
“Nosotros tenemos que ser capaces de decirnos, que ser hijos de un padre criminal, no nos hace a nosotros criminales. Durante mucho tiempo me he cuestionado si esto podría ser genético y he comprendido que no, no lo es. Es una opción deliberada de parte de cada individuo”.
“Y era importante para mí realmente separarme, alejarme de esa dimensión, despojarme de esa dimensión criminal de mi padre y lo he hecho sobre todo convirtiéndome, dedicándome a esta causa que me ayuda a liberarme de ese peso, de esa carga de la filiación” Concluye.

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