
Félix Pinero.
Académico correspondiente de la Real Academia de
Extremadura de Letras y las Artes por Plasencia y periodista
Cáceres, a 7 de septiembre de 2026.
Luis de Miranda Villafañe (Plasencia, Cáceres, c. 1505; Asunción, Paraguay, o Plasencia (Cáceres, c. 1575 o 1572), fue un placentino clérigo, escritor, aventurero y conquistador. El profesor Ricardo Senabre afirma que debió morir el último año citado.
Según su biógrafo, Miguel Ángel Tejeiro, las noticias acerca de su existencia son tan escasas como confusas. Las referencias autobiográficas que permiten rastrear sus primeros pasos aparecen recogidas en una composición poética que, bajo el título Del mismo autor a la muerte de su amigo, sirve de colofón a su Comedia Pródiga. Cita también a María R. Lida de Malkiel, quien asegura que fue Ricardo Rojas en su libro sobre La literatura argentina: los coloniales, el primero en identificar al dramaturgo placentino con un clérigo de Río de la Plata del mismo nombre. Señala, asimismo, a Díaz y Pérez, quien dice que fue hijo de Jerónimo de Miranda, secretario de Álvaro de Zúñiga, conde de Plasencia, y que, tras obtener el cargo de beneficiado en la catedral de Asunción, en el reino de la Plata, falleció allí. Sin embargo, Ignacio Úzquiza disiente del anterior al sostener que el dramaturgo placentino regresó a España para acabar muriendo en su patria.

El 24 de agosto de 1535, Miranda embarcó en Sanlúcar formando parte de la expedición que el adelantado Pedro de Mendoza iniciaba rumbo al Río de la Plata. El mal estado del mar, les hizo desviarse de su camino hasta arribar en Río de Janeiro. Tras la partida de Mendoza a España y de su muerte en el camino, toma el poder Martínez de Irala, quien decide trasladarse a Asunción. Miranda defiende la fertilidad de aquellas tierras y las bondades de sus cosechas y ganados, enfrentándose a quien sería su enemigo más peligroso.
En 1522 llega a Asunción Núñez Cabeza de Vaca con el encargo del Emperador de poner paz en aquellas tierras y, aunque todos reconocen su autoridad, desconfían de él y esperan el momento oportuno para derrocarle. Regresó a España en 1545, acusado de robos y abusos que no había cometido. Fue hallado culpable, suspendido de todos sus cargos y se le prohibió viajar al Nuevo Mundo. El monarca le concedió una pequeña pensión en pago a sus servicios, con la que esperó la llegada de su muerte.
Cabeza de Vaca recogió en sus Comentarios antes de morir las vicisitudes por la que pasó en su viaje al nuevo continente. En ellos, afirma que sus partidarios padecieron persecución y cárcel. Entre ellos se cita a Luis de Miranda, quien durante ocho meses compartió prisión con el alcalde mayor sin disfrutar de ninguna salida al exterior. En 1544, Miranda, encabezando a los partidarios de Cabeza la Vaca, intentó la liberación de este. Le acusaron de incendiario, libertino y lujurioso y considerado un alborotador peligroso, fue encarcelado como confiesa Miranda en su Carta enviada al Emperador. Los amotinados decidieron sacarlos de la cárcel y enviarlos rumbo a España.
Es probable que Miranda solo acompaña al gobernador hasta la isla de San Gabriel y que de allí volviera a Asunción. Sería el mismo destino que corrieron otros compañeros de exilio, como destaca Cabeza la Vaca en su Relación General, cuando advierte que algunos de los hombres que viajaban con él fueron embarcados en otros bergantines que regresaban a Asunción por temor a que sus testimonios en España sirvieran de ayuda al gobernador. En el mismo sentido se expresa Miranda en su Carta, escrita en Asunción un año después de estos sucesos, cuando afirma que su primera intención era enviarle a España. De haber regresado, parece lógico imaginar que Miranda hubiere corrido la misma suerte que Cabeza la Vaca y, por tanto, le habría sido imposible regresar a tierras americanas, Sin embargo, esto no fue así en el caso del clérigo placentino.
Varios testimonios aseguran su presencia en el Nuevo Mundo después de su prisión a manos de los oficiales de Irala. El primero de ellos es la célebre Carta enviada al Emperador en marzo de 1545, quejándose del mal trato recibido, de las injusticias cometidas contra él y de su larga estancia en prisión.
Casi diez años después, la situación de Miranda mejora notablemente y es uno de los once clérigos que se encontraban en Asunción, para recibir al nuevo obispo de la ciudad, fray Pedro de la Torre. El 21 de enero de 1558, un documento firmado en Valladolid concede licencia a Miranda, viejo y enfermo, para su regreso a España. El Consejo de Indias admite que no ha cometido ningún delito y es libre para volver a su patria.
En resumen, según Tejeiro, la existencia de Luis de Miranda plantea graves problemas sobre su verdadera personalidad y se complica aún más, si como parece plausible, el dramaturgo hubiera viajado al Nuevo Mundo y se hubiera afincado en aquellas tierras, conjeturas que permiten proponer diversas hipótesis sobre la composición, sentido y publicación de su Comedia Pródiga.
La Pródiga se imprime por vez primera en Sevilla en 1554, por Martín Montes de Oca, en la que se representa la aventura lejos de su tierra de dos amigos: Pródigo y Felisero. El primero acaba moralmente destruido y el otro se desengaña y opta por hacerse ermitaño. Hasta el siglo XIX no vuelve a aparecer impresa gracias a la edición de José María de Álava, publicada por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces en 1868. En el siglo XX se publica la edición facsímil de Antonio Pérez Gómez (Valencia, 1953), y la de Madrid (1964), en la Colección de Joyas Bibliográficas, con motivo de un homenaje a Lope de Vega, además de las más modernas de Ignacio Úzquiza (1982) y Miguel Ángel Pérez Priego (1993), estos últimos profesores que fueron en la Facultad de Letras de la Universidad de Extremadura. El profesor Pecellín Lancharro señala que los estudiosos la suponen escrita entre 1532 y 1534, dice en su artículo Referencias judías en los dramaturgos extremeños del XVI.
Bibliografía consultada: Miguel Ángel Tejeiro Fuentes: Luis de Miranda y Villafañe, en Historia Hispánica, biografías de la Real Academia de la Historia; Ricardo Senabre: Revisión de la Comedia Pródiga, Escritores de Extremadura, Diputación de Badajoz, 1988; y Manuel Pecellín Lancharro: Referencias judías en los dramaturgos extremeños del XVI (Revista Alcántara, Diputación de Cáceres, núm. 52, año 2001).
