El popular hostelero de Las Mestas fallece dejando una historia de ingenio y emprendimiento. Su mítica bebida conquistó la televisión de los años noventa, llegó a las camisetas del Rayo Vallecano y despertó incluso la curiosidad del rey Juan Carlos I.
Las Hurdes despiden a uno de sus personajes más populares y entrañables. Cirilo Marcos Domínguez, conocido como Tío Cirilo, falleció este miércoles 4 de noviembre, dejando tras de sí una historia singular de esfuerzo, ingenio y espíritu emprendedor. Desde su pequeño establecimiento de Las Mestas (Ladrillar) consiguió convertir una bebida artesanal en un fenómeno nacional y llevar el nombre de su comarca a todos los rincones de España.
Durante los años noventa, el Ciripolen se convirtió en mucho más que una bebida. Su creador, un hombre de sonrisa pícara, carácter afable y extraordinaria facilidad de palabra, conquistó los platós de televisión con sus ocurrencias y las supuestas propiedades afrodisíacas de un preparado que despertó tanta curiosidad como simpatía.

Nacido en Las Mestas, en una familia de 17 hermanos, Cirilo creció vinculado a la tradición apícola de Las Hurdes. Su padre, conocido como Tío Picho, era apicultor, comerciante y poeta popular. Antes de alcanzar la fama, emigró a Holanda y desempeñó numerosos oficios, desde taxista y carnicero hasta apicultor y comerciante. Finalmente abrió su propio negocio hostelero, sin imaginar que aquel establecimiento acabaría siendo conocido en toda España.
De una receta casera a los platós de televisión
El origen del Ciripolen se remonta a un viaje a Cuba. A su regreso, Cirilo comenzó a experimentar con ingredientes naturales que conocía desde niño. Mezcló leche, cacao, miel, polen, jalea real y hierbas de la zona hasta conseguir un preparado que empezó a ofrecer a familiares, amigos y clientes de su bar.
El nombre nació de una anécdota que él mismo contaba con humor. Un amigo le pidió un día: «¡Ciri, échame un polen!». Aquella expresión espontánea terminó bautizando una bebida que pronto trascendió las paredes de su establecimiento.
Lo que comenzó vendiéndose por unas 200 pesetas el vaso acabó llegando a farmacias, comercios y grandes superficies. Sin embargo, buena parte del éxito se debió a la personalidad de su inventor, cuya simpatía y desparpajo lo llevaron a compartir pantalla con figuras como María Teresa Campos y José Luis Coll.
Su popularidad creció especialmente por las supuestas virtudes afrodisíacas que atribuía al Ciripolen, nunca demostradas científicamente. De aquella época quedó su célebre reclamo: «El que quiera hacer el amor tres veces todos los días, Ciripolen por la mañana, por la noche y a mediodía».
La fama alcanzó también el fútbol profesional. Durante la temporada 1993-1994, el nombre de Ciripolen apareció en las camisetas del Rayo Vallecano, entonces en Primera División. En 2014, la marca también estuvo vinculada al CD Badajoz.
Otro de los episodios más recordados llegó en 1998, cuando el rey Juan Carlos I visitó su establecimiento durante un recorrido por Las Hurdes y tuvo ocasión de probar la famosa bebida.
El legado de un emprendedor orgulloso de su tierra
El éxito también tuvo momentos difíciles. Los problemas empresariales afectaron a la continuidad del negocio y la fabricación industrial se interrumpió entre 2003 y 2009, aunque el Ciripolen siguió elaborándose artesanalmente. Posteriormente, la marca emprendió una nueva etapa comercial con una crema de Ciripolen con alcohol, mientras la familia mantenía vivo el legado de su creador.
Más allá de su popularidad, Tío Cirilo se convirtió en uno de los grandes embajadores de Las Hurdes. En una época en la que la comarca todavía arrastraba una imagen de aislamiento y dificultades, consiguió proyectar una tierra de tradiciones, recursos naturales y capacidad emprendedora.
Su establecimiento de Las Mestas terminó siendo parada habitual de viajeros y curiosos que acudían para conocer al inventor de aquella bebida. Su trayectoria quedó recogida en el libro Un emprendedor de Las Hurdes, un título que resume la vida de un hombre acostumbrado a reinventarse.
Con su fallecimiento, Las Hurdes pierden mucho más que a un personaje popular. Se marcha un vecino que supo ganarse el cariño de quienes lo conocieron, un hombre sencillo que, pese a la fama, mantuvo siempre sus raíces en Las Mestas y el orgullo por la tierra que lo vio nacer.
Quedarán sus anécdotas, su particular sentido del humor y el recuerdo de tantas conversaciones compartidas en su establecimiento. Para muchos será siempre el inventor del Ciripolen; para su familia, sus amigos y sus vecinos, será simplemente Cirilo, el hombre cercano que formó parte de sus vidas.
Hoy Las Mestas lo despiden con tristeza y cariño. Su famosa bebida llevó el nombre de Las Hurdes por toda España, pero fue su manera de ser la que dejó huella entre quienes tuvieron la suerte de conocerlo.
