EDITORIAL
Un año después de su fallecimiento, recordamos la trayectoria política y humana del expresidente de la Junta de Extremadura y líder de los socialistas extremeños.
Hace un año, el 5 de octubre de 2025, Extremadura despedía a Guillermo Fernández Vara. Doce meses después, su ausencia sigue presente, pero también permanece el recuerdo de quien dedicó buena parte de su vida al servicio público y estuvo estrechamente ligado a la historia reciente de nuestra tierra.

Hay personas a las que el paso del tiempo no consigue alejar de nuestra memoria. Su recuerdo regresa en una conversación, en una anécdota o en esos momentos en los que miramos hacia atrás. Con Guillermo ocurre algo así.
Nacido en Olivenza en 1958, médico de formación y forense de profesión, inició su trayectoria política como director general de Salud Pública y Consumo. Posteriormente fue consejero de Bienestar Social y de Sanidad y Consumo en los gobiernos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra.
En 2007 llegó a la Presidencia de la Junta de Extremadura, responsabilidad que ejerció hasta 2011 y que recuperó en 2015, manteniéndola hasta 2023. También dirigió el PSOE de Extremadura durante 16 años, entre 2008 y 2024. Tras dejar la Presidencia, continuó su compromiso público como senador y vicepresidente segundo del Senado.
Pero una vida no puede resumirse en cargos y fechas.
Detrás del presidente, del dirigente socialista o del senador estaba Guillermo. Y cuando alguien ya no está, son muchas veces los recuerdos más sencillos los que adquieren mayor importancia: una conversación, una llamada, un consejo o el tiempo dedicado a escuchar.
Porque en política las formas también importan. Escuchar, respetar a quien piensa diferente y buscar puntos de encuentro son maneras de entender el servicio público. Tras su fallecimiento, el Senado destacó precisamente su cercanía y su disposición al diálogo y al consenso.
Guillermo conocía Extremadura, sus pueblos, sus posibilidades y sus dificultades. Conocía las preocupaciones de quienes quieren construir aquí su futuro. Por eso, resulta difícil entender la evolución política de Extremadura durante las últimas décadas sin tener presente su trayectoria.
Hoy seguimos afrontando desafíos importantes: ofrecer oportunidades a nuestros jóvenes, garantizar el futuro de nuestros pueblos, fortalecer los servicios públicos y conseguir que quienes quieran quedarse puedan hacerlo.
Recordar a Guillermo no consiste únicamente en repasar su trayectoria política. Su huella permanece también en los encuentros, las conversaciones y los pequeños gestos que no aparecen en las biografías oficiales.
Un año después, queremos recordarlo desde la cercanía y el agradecimiento, con los aciertos y errores propios de quien asumió responsabilidades durante tantos años, pero también con el reconocimiento a una vida profundamente ligada a Extremadura.
Vendrán nuevas generaciones y distintas maneras de entender la política. Así debe ser. Pero hay valores que merece la pena conservar: escuchar, respetar, estar cerca de la gente y entender el servicio público como una responsabilidad hacia los demás.
Quizá sea ahí, mucho más que en cualquier cargo, donde permanece la verdadera huella de Guillermo Fernández Vara.
